Campamento Misión de Universitarios en Frontera

35 jóvenes visitaron los llanos del alto Apure venezolano compartiendo su corazón con los hogares de El Nula y Ciudad Sucre.

 Finalizando el año 2021, entre el 17 y el 22 de diciembre, se realizó el Campamento Misión Navideño en la región sur occidental de Venezuela, en el Estado Apure. El evento fue organizado y promovido desde el Decanato del Medio de la Universidad Católica del Táchira (UCAT), a través del proyecto Universitarios en Frontera (UF), coordinado por egresados del Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano (PLIUL), con el apoyo de la Red Apostólica Ignaciana de la Frontera (RAIF), todo enmarcado dentro del Plan de la Provincia y el Año Ignaciano. En él participaron 35 personas, entre miembros de UF, estudiantes del PLIUL, voluntarios de Doctor Yaso payasos humanitarios, y el Movimiento Juvenil Huellas. En total se visitaron 8 comunidades cercanas a El Nula: Cinta Blanca, Sirirí, Valle Verde, Tubo Rojo, La Blanquita, Caño Regreso, T1, y también la comunidad de Ciudad Sucre.

Abriendo el camino hacia la transformación y el aprendizaje.

Uno de los propósitos de este tipo de jornadas, además de ser un aporte concreto a las comunidades por las visitas, el reconocimiento, la bendición de los hogares y las actividades lúdicas, entre otros, es propiciar una experiencia tangible para los sujetos participantes, y que a su vez les sirva para hacerse cargo de nuevas realidades a través de la reflexión, el discernimiento y el intercambio con las personas y los contextos. Este proceso es único para cada asistente, depende de muchas variables como la personalidad, la historia de vida personal y familiar, entre otros aspectos propios de la persona. Adicionalmente hay un acompañamiento por parte de los voluntarios y misioneros con más experiencia y también por parte de los docentes y jesuitas que siempre acompañan dichas jornadas en las comunidades. Ese conjunto de variables hace que la misión en las comunidades sea una historia que deja huella y contribuye con la formación de quienes la hacen posible.

Entonces, como son los protagonistas quienes mejor pueden contar esta historia, compartimos algunos testimonios del Campamento Misión Navideño 2021 en palabras de quienes recorrieron los caminos del Alto Apure con su corazón como estandarte.

TESTIMONIOS CAMPAMENTO MISIÓN El NULA – CIUDAD SUCRE 2021.

 – Yuliana Ferreira (de la XI implementación de Liderazgo y de Universitarios en Frontera).

En el campamento de diciembre estuve durante 6 días visitando, compartiendo e integrándome a las distintas realidades que se presentan en la frontera. Siendo esta una experiencia muy grata. Pude vivir la alegría de la navidad con personas que esperaban nuestra llegada, nos abrieron sus hogares y nos dejaron entrar a esa calidez familiar. Contamos con el apoyo de 4 Jesuitas que jugaron un rol fundamental en estas visitas. El padre José Francisco Aranguren SJ, quien es nuestro asesor, Víctor Fernández SJ, José Manuel Gómez SJ y Oscar Pimentel SJ. Así mismo contamos con el padre Eduardo Soto SJ y Henry Quintero SJ, quienes nuevamente nos abrieron las puertas de las parroquias San Camilo de Lelis en El Nula SJ, y en la Parroquia San Simón y San Judas de Ciudad Sucre.

Compartiendo con ellos las distintas tradiciones navideñas, y relacionándome con todos, desde el más viejito hasta el más bebé, pude ver a Dios en todas las cosas. En cada detalle, en la sonrisa de los niños al jugar, en los señores al ir a misa de aguinaldo y en el café en cada visita, especialmente pude ver a Dios en mí misma. Me siento muy afortunada y contenta de poder tener estos encuentros, donde gracias a la espiritualidad ignaciana que sigue nuestro programa, podemos discernir, interiorizar y redescubrirnos.

El Alto Apure con su hermoso cielo infinito, su sol candente y su cielo estrellado por las noches nos cautivó una vez más y nos sensibilizó frente a muchas situaciones, donde aceptamos que la vida definitivamente no es todo blanco o negro, sino una escala infinita de grises y colores. Es muy significativo coincidir con jóvenes que entran en tu misma sintonía, esa sintonía de “en todo amar y servir”.

Agradezco profundamente la posibilidad de vivir estas experiencias, y con la esperanza de que se sigan creando espacios en donde nosotros podamos ser luz y sal en la vida de las personas, y también que más personas puedan unirse a este increíble voluntariado, poder ver más jóvenes apostando por el servicio, tanto desde su corazón como desde sus carreras profesionales.

– Rafaela González (voluntaria de Doctor Yaso payasos humanitarios).

Hola; me encanta poder compartirles parte de una bonita experiencia que viví en diciembre. Tuve la oportunidad de viajar con el voluntariado Universitarios en Fronteras a un pueblito del Nula llamado La Blanquita. Allí compartimos 5 días maravillosos con la comunidad, nos permitieron conocer sus casas, sus familias, su día a día y su fe inquebrantable.

En la mayoría de los hogares nos encontramos con niños y fue muy grato poder jugar con ellos, a pesar de que no lleve mi vestuario de payasa, a donde quiera que iba llevaba mi actitud de juego y no lo pensaba 2 veces para jugar. Me marcó mucho saber que había niños que por las largas distancias sólo salen a jugar cuando van los misioneros (nosotros) y eso me dio más ánimo para hacer todo lo posible en que pasaran un día diferente. Si lo veo como voluntaria de Doctor Yaso fue una visita de mucha escucha, y de juego en todos los niveles. Es súper genial ver cómo todas las herramientas que nos dan en Doctor Yaso se pueden aplicar en cualquier ámbito; en cualquier lugar y como la sonrisa es ese lenguaje universal que nos une a todos.

Por último, desde mi corazón les animo a sumarme a cualquier experiencia nueva que les pueda ampliar un poquito la visión del mundo y nos permita ser más humanos, pues afuera hay muchos mundos por explorar.

-Ángel Perdomo (XI implementación del Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano).

Como quien relee en su memoria momentos de gozo y sufrimiento, pensar en diciembre, me lleva a la comunidad de Valle Verde, un rinconcito del país, a casi 2 horas de El Nula, escondido entre llanuras impostergables abrazadas por un sol incandescente.

Valle Verde, que era un reto en medio de un contexto social complejo, fue una oportunidad para redimensionar el riesgo que supone amar el servicio. Como estudiantes ignacianos, se nos ha invitado a en todo amar y servir. Pero en mi reciente experiencia, los factores se modificaron, planteando una nueva cuestión: amar el servir. Y lo enunciaba como un riesgo, en el sentido más hermoso, pues los amores memorables son aquellos que transforman y permiten que el ser trascienda, descubriendo en su vida nuevos hitos y creando nuevos sueños con profunda y sincera alegría.

Pues bien, cuando un estudiante universitario, en su último año de formación profesional, vive una experiencia como la del campamento misión, su vida, apacible, tranquila y a veces insulsa, se interpela ante el amor que le atraviesa como sentido para una vida que ahora no quiere ser vivida de modo distinto al descubierto. Lo he repetido hasta el hartazgo recientemente y la frase ha servido de consuelo propio: salir de mí, para encontrarme con el otro, me permite descubrir una nueva dimensión de mi vida que adquiere contenido y esplendor. Amar, pues, es un riesgo, que me lleva a transformar mi vida, a trascenderla, incluso, a transgredirla, porque no estoy llamado para la quietud, sino a una movilidad eterna, a una acción constante, a un vínculo con el mundo, con los más alejados, con los excluidos.

No tengo claro mi aporte a la comunidad. Es decir, reímos con los niños, acompañamos a los adultos en sus quehaceres diarios, animamos a los jóvenes con dinámicas y reflexiones, incentivamos la experiencia de fe que yacía fría en una comunidad que, pese al calor del sol, se aproximaba gélida, sumida en su día a día. Pero entonces, con todo lo que ellos me brindaron y movieron dentro de mí, sentí que daba muy poco. Seis días pasaron en nada y cuando más enamorado estaba con lo que hacíamos, el bus de retorno se aproximaba y en mi hogar me esperaban para hacer hallacas y vivir nuestro diciembre.

Una parte de mí se quedó en Valle Verde. Especialmente, la más tímida, la más cuadrada y la menos animosa. De su llano retorné feliz, plenamente contento por lo vivido y con una certeza irresoluble de que mi vida está dada para que el amor al servicio me transforme como desee. Y allí vamos, caminando y dejando que el amor nos descubra.

– Emily Sánchez (de la XII implementación del Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano y voluntaria de Doctor Yaso payasos humanitarios).

¡Por fin! Luego de tantas experiencias y anécdotas compartidas por otras personas que lo habían vivido en algún programa, voluntariado de la universidad o simplemente invitados.

Puedo decir que desde el momento que tuve la oportunidad de observar el horizonte cuando se separa la textura de las montañas con la llanura, me hizo sentir en presencia de arte puro de la naturaleza y el cielo. ¡Uf! era fascinante como todos los días lograba sorprender, ya fuera con sus vibrantes colores, o con las lunas que en el Alto Apure se aprecia como si tuvieras lupa y las estrellas, tal cual si las hubieran pintado para nosotros esas noches que estuvimos allá.

Tengo el honor y el placer de decir que he vivido esta experiencia desde lo más susceptible de mis sentidos, pero debo agradecer a la oportunidad de ello al hecho de que participo tanto en PLIUL como en Doctor Yaso, donde ambos me han brindado herramientas para enfrentar situaciones de compartir, de conectar, de ser yo misma, de decir «sí, dale» sin miedo, con firmeza pero también, con un pie en tierra y el otro levantado hacia lo que anhelo.

Para mí, jugar con los niños fue un paseo, era como si brotaran las ganas de jugar, las ideas de más juegos, la energía para seguirles el ritmo, porque ellos solo tenían ganas de compartir con los profes. Pero más allá de eso, era lo importante que implicaba hablar con ellos, pues de alguna manera cada uno en su rol de «profe» podría estar impactando la vida de cualquiera de esos niños, o no, pero ojalá ese impacto fuese positivo.

Aunque Ciudad Sucre es una comunidad pequeña, las personas que allí viven tienen una energía envolvente, siempre dispuestos con una sonrisa, desde el Guardia hasta la persona más cansada por el trabajo, porque ellos le han conseguido un sentido a sus días, porque desvivirse por las cosas, no es vivir. Con eso me quedo, con que todos a pesar de nuestros agitados días en «la ciudad de la cordialidad» seamos capaces de conseguirle un sentido lo suficientemente válido a nuestros días, para recibirlo con gratitud, alegría y dispuestos a contagiar de esa energía a quienes compartan con nosotros, porque estoy segura que hay mucho más por lo que agradecer, abrazar y disfrutar.

-Briggith Daza (Universitarios en Frontera).

En el Campamento Misión Diciembre experimenté una conexión y una felicidad tan genuina que parecía irreal. La experiencia de compartir con personas de las comunidades fronterizas siempre es muy enriquecedora. Una de los momentos que más me ha marcado durante el voluntariado ha sido el instante en el que estas personas nos reciben en sus casas, porque lo hacen siempre con una sonrisa o con una palabra amable, con un vasito de agua o un poquito de café en el que se siente depositado el cariño y la alegría por recibir esa visita.

Allá todas las dinámicas son diferentes y ellos están muy bien adaptados a eso, pero cuando nosotros las presenciamos nos damos cuenta de lo privilegiados que somos y de lo poco que valoramos esos privilegios que tenemos en cosas tan pequeñas como el poder llegar fácilmente a nuestros centros estudiantiles o el fácil acceso al internet para la educación.

Cada que vivo esta experiencia me enamoro más del trabajo que se hace en estas comunidades y me queda el corazón tatuado con tantas sonrisas.

– Roxanna Vivas (voluntaria de Doctor Yaso payasos humanitarios y egresada de la UCAT).

Hola vengo a contarte un poco sobre mi experiencia en el Campamento Navideño con Universitarios en Frontera. Primero, no coincidí con un Llanero Solitario (chiste sobre llevar la vestimenta apropiada y estar preparada para todo). Pero si fue una razón para haber guardado mi traje de baño en la maleta, por si acaso, sospechando que si había una laguna, podría usarlo.

Segundo, fue una experiencia en la que yo estaba sin expectativas. Las primeras visitas, fueron amenas, no solo éramos bienvenidos sino invitados, personalmente me familiaricé con esa sensación. Las visitas en la mayoría de casas era compartir y conversar con las familias sobre su estilo de vida, dinámica, lo que quisieran compartir, se bendecía el hogar, y hacíamos juntos una oración. Admito que hubo momentos breves, cuando no era muy amena la visita, había algo que incomodaba, como que no éramos suficientes, pero era más bien porque cada casa y familia era única, poco tenía que ver con nosotros.

En un día de juego con los niños de la comunidad, me atreví a sacar a mi payaso durante aproximadamente una hora y media, en la que sorpresivamente los niños del lugar querían ver era a Roxanna (Yo). Jugué como “Mirily Ymirilirimy” (mi payaso) y luego me pidieron tanto a Roxanna, que bueno, se hace lo que el público pide; Mirily se fue y seguí compartiendo como yo misma. Fue una sensación de encuentro en el que mi yo era más que suficiente, a tal punto, que los niños no querían a mi payaso sino a mí.

Luego en la noche, en el cierre del día, durante el recuento, reencuentro y momento reflexivo del día, mis compañeros de experiencia me dijeron  que durante ese día mientras yo no estuve, los niños del lugar estaban preguntando insistentemente por mí. Fue interesante ver también el impacto que puede tener una simple persona, transparente, alguien más natural con quien los niños se sentían más cómodos y tranquilos, que aunque aprovecharon de mi payaso, querían compartir también conmigo, en parte porque era la última tarde que estaríamos con ellos.

Tercero, retomando el asunto de la vestimenta apropiada y oportuna, fue útil haber guardado mi traje de baño, porque la señora líder de la comunidad nos dijo que como era la primera vez que íbamos a la comunidad, nos teníamos que bañar en el río, porque los que se bañan en el río Sarare si no se quedan, siempre regresan. Una creencia popular del lugar. Ella nos llevó a «un brazo del río Sarare». Sinceramente yo imaginé que el río me iba a abrazar, y así fue. El compartir en ese lugar sabiendo que al día siguiente volveríamos a casa fue un momento intenso, yo particularmente tuve un momento reflexivo sobre resistirse o permitirse, que si fluyes con la corriente llegas más rápido a un lugar, que te demoras más si vas en contra corriente, pero que lo que prevalece es hacía dónde quieres ir. Ese lugar que puede estar en contra o a favor de la corriente, esa meta, logro u objetivo, es lo primordial.

Además lo importante que es permitirse, que hay caminos llenos de barro, piedras calientes, pasto, incluso una mata llamada «tumba borrachos» -porque es fácil enredarse y tropezar-, y ver con un gesto bien claro que la comunidad estaba contenta con nuestra presencia allí, quería que regresáramos.

– Lara Cárdenas (de la XI implementación del Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano).

 

El descubrir nuevas todas las cosas, las que estaban, las que siempre han estado, las cosas injustas, dolorosas o las más hermosas tiene aún más sentido desde el caminar incansable por las comunidades del Alto Apure, donde todo parece lejano, abandonado, hundido, conflictuado y escondido, justo allí donde nos perdemos, nos cansamos y quemamos. Pero más fuerte que las quemadas y el cansancio, más que el sol incandescente estaba el deseo puro de darle un sentido a lo sentido de verdad.

En Sirirí, Alto Apure, nos encontrábamos 4 jóvenes con miedos, heridas, dudas y muchas preguntas, con ansias de encuentro y respuesta. Con amor nos dejamos afectar por las historias y los rostros de las personas causantes de hacer de Sirirí un lugar mágico y de descubrimiento. ¿Qué descubrí? Nuevas sonrisas y personas, el soltar más miedos para acercarme a la escucha de lo que vale la pena, el sentir, el dar, el servir, el amar y ¿por qué no exagerar en el amar?. Descubrí que se puede amar más, y más se encuentra en cada inserción, nuestro reto es descubrirlo en nuestra realidad de todos los días.

Encontrarnos y descubrirnos no es cosa fácil, nos sentimos vulnerables al mostrar nuestras heridas, nos da miedo abrirnos y mostrarnos con nuestras luces y sombras, en el camino nos frena el temor y hay barreras que nos impiden acercarnos con la pureza del amor a otras personas, pero este recorrido por el llano nos enseña a compartir en silencio nuestro dolor, a no cargar solos lo que podemos cargar entre todos y, por supuesto, enseña el camino de sanar para acercarnos y sentir de verdad, para encontrarnos y a su vez encontrar a cercanos y lejanos.

No es posible vivir de otra forma luego de haber descubierto la vida sin vacíos y es que lo dado en esta inserción fue vida. Tan simple y complicado como una vida con sentido: con el único camino e idea de amar, de aprender, de poner manos a la obra, de entender, comprender, sanar, servir desde mi inicio y mi fin, regalar sin medida palabras, gestos, miradas, momentos y luz en la oscuridad. Estoy convencida de que no vale la pena andar por andar.

 

Enero de 2022
Pedro Luis Duque
Decanato del Medio Universitario
Universidad Católica del Táchira