Festividad de San Sebastián, patrono de la ciudad de San Cristóbal

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Al Presbiterio Diocesano, a los fieles católicos que anuncian el Evangelio en el Táchira y a las personas de buena voluntad.

En años anteriores, con ocasión de la Festividad de San Sebastián, patrono de la ciudad de San Cristóbal, hemos dado a conocer la preocupación por el carácter mundano de las ferias que se suelen celebrar en su honor. Hemos señalado, con firmeza, cómo la así denominada “feria gigante de América”, por varios motivos y eventos que durante ella se realizan, desdicen del nombre del Santo Patrono de nuestra ciudad capital, a la vez que encierran actos que nada tienen que ver ni con la cultura ni con los valores del Evangelio.

Ya, en el pasado, el III Obispo de San Cristóbal, el recordado Mons. Alejandro Fernández-Feo, decidió trasladar la fecha de la fiesta del Santo Patrono a otro día, precisamente porque dejaba de ser el centro de atención. Se prefería lo mundano a lo espiritual. De nuestra parte, hemos hecho el esfuerzo para darle ese sentido, sin mayores avances concretos.

En medio de la crisis que golpea fuertemente al país, el pasado año sugerimos que no se celebrara por respeto a quienes de verdad estaban sufriendo los embates de la situación. No se escucharon las recomendaciones y la feria terminó realizándose sin que hubiera un aporte significativo a obras en beneficio de los más necesitados.

En este año 2020 sucede lo mismo. Estamos viendo cómo se ha invertido inmensas sumas de dinero para “maquillar” algunos sectores de la ciudad, realizar espectáculos costosísimos y actividades que distan de ser promotores de una verdadera cultura popular. Se habla con desfachatez del “rescate de la feria y de las tradiciones” y que éste sí será mejor que los años anteriores pues se ha conseguido más dinero para ello.

No podemos decir que se trata de “pan y circo”. “Circo” sí, porque está buscando adormecer la conciencia de mucha gente y distraerla con la falacia de considerarla un aporte a la ciudadanía. Pero no se puede mencionar “pan”, ya que no lo hay: no hay el “pan” de una alimentación suficiente, no tenemos el “pan” de los medicamentos ni de la atención de salud, como tampoco se consigue el “pan” de la gasolina, y una prueba de ello son las larguísimas filas de vehículos para “tanquear”. No se consiguen los recursos para los hospitales, ni para el arreglo de las cada día más deterioradas carreteras del Táchira, ni para recoger la basura de nuestras calles, ni para fortalecer la educación de niños, adolescentes y jóvenes… pero sí se consiguen fuertes sumas de dinero para garantizar eventos que enriquecerán a unos pocos y con precios inalcanzables para la mayoría de los conciudadanos. A la vez, se le ha querido dar una connotación político-partidista y se ha roto con la institucionalidad en la organización de la “feria”.

En el marco de esta situación y de la crisis que no se puede ocultar, ante el empobrecimiento creciente de toda la población y de frente al triste panorama de relativismo moral que se percibe en el ambiente, hechas las debidas consultas, hemos tomado la decisión de no celebrar, como en años anteriores, la solemne eucaristía de la fiesta religiosa de San Sebastián. Ese día 20 de enero, cada parroquia de la Diócesis, como está indicado en el calendario litúrgico, celebrará la eucaristía en memoria de San Sebastián de manera sencilla. En la Catedral de San Cristóbal, se celebrará en el horario común, es decir a las 3 00 pm, sin mayor solemnidad externa que la de la fe y la participación en caridad y comunión de los fieles.

La Palabra de Dios nos sirve de fundamento para la decisión que estamos tomando. El Profeta Oseas (citado en varias oportunidades por el Divino Maestro, cf. Mt 9, 10-13; Mt. 12, 1-8) nos enseña claramente lo que Dios pide: “Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos”. En estos tiempos cuando faltan alimentos y medicinas, asistencia médica y respeto a la dignidad humana, no podemos ocultar con “ritos y celebraciones esplendorosas” una triste realidad como si nada estuviera aconteciendo en el país. Por eso, el profeta nos hace el llamado a practicar la misericordia, la caridad y la solidaridad, con temor y conocimiento de Dios.

A la vez, San Pablo, al invitarnos a imitar a Cristo (cf. 1 Cor 11,1) nos aconseja celebrar dignamente la eucaristía, sin discriminaciones y atendiendo a fortalecer la comunión en la caridad por lo cual nos recuerda que “hay entre ustedes muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos.” (1 Cor. 11, 30). Más aún, según nos enseña el libro de los Hechos de los Apóstoles (2,42-46), los discípulos de Jesús ponían todo en común y lo compartían con los hermanos y nadie pasaba necesidad.

En esta misma línea invitamos a todos los católicos y personas de buena voluntad a dar testimonio de una caridad operante: compartir con los más necesitados, acompañar a los desolados y desesperanzados, alentar a los vacilantes y manifestar “a tiempo y a destiempo” nuestra fraterna solidaridad. No olvidemos que seremos juzgados por el amor, como nos lo dijo el mismo Maestro de Nazaret en la parábola del juicio final: En ese momento el Padre nos dirá que podremos pasar a su reino eterno, si dimos de comer al hambriento; de no hacerlo, correremos el riesgo de ir al lugar de la perdición (cf. Mt 25).

Invitamos a todos los feligreses a acudir el 20 de enero a los templos parroquiales y oratorios públicos para compartir la eucaristía, pidiéndole a Dios, por intercesión de San Sebastián, nos conceda la fuerza para perseverar, la audacia y decisión para seguir edificando su reino de justicia y de paz y proclamar la Palabra, que encierra la única verdad que libera a todo ser humano (cf. Jn 8,32). No podemos cohonestar lo que se pretende seguir haciendo en nombre y en un supuesto homenaje a San Sebastián, quien dio su vida por Jesús, ante las pretensiones hegemónicas y absolutistas del emperador de entonces.

Aprovechamos la ocasión para anunciar la creación de la Rectoría “San Sebastián y San Cristóbal”, en orden a una futura y próxima parroquia para atender la populosa zona noreste de nuestra ciudad; para lo cual se dispone de terrenos propiedad de la Diócesis. Con ello, además de rendir el auténtico culto a los mencionados santos, se podrá brindar una más adecuada atención evangelizadora a la feligresía de ese sector de nuestra ciudad capital del Táchira.

Nos encomendamos a la maternal protección de María del Táchira, nuestra Señora de la Consolación; junto a ella imploramos la intercesión de San Sebastián y San Cristóbal, a la vez que contamos con la única, auténtica y verdadera protección del Táchira, la del Santo Cristo de la Grita.

Con mi afectuosa bendición,

+Mario, Obispo de San Cristóbal.

San Cristóbal, a los 18 días del mes de enero del año 2020.