
En un ambiente lleno de significado espiritual, la Universidad Católica del Táchira (UCAT) inauguró oficialmente el Año Académico 2026-2027 con una solemne Eucaristía para así marcar un inicio de ciclo centrado en la fe, el servicio y el compromiso social de la comunidad universitaria.
El encuentro se llevó a cabo en el campo de fútbol de la sede Sabana Larga el día viernes 9 de octubre, donde se contó con la presencia de miembros de la familia ucatense como los estudiantes de quinto año de las carreras de Derecho, Contaduría Pública, Mercadeo y Gerencia de Empresas, sus familiares, representantes y padrinos, al igual que sacerdotes, docentes y autoridades universitarias.
Durante el desarrollo del evento, uno de los estudiantes que estuvo presente dirigió un mensaje especial a los futuros graduandos de las distintas facultades: “A las carreras de Mercadeo, Derecho, Contaduría y Gerencia de Empresas: aunque recorremos caminos distintos, a todos nos une un solo motivo: el servir. No lo olvidemos jamás”.
Sus palabras fueron un recordatorio de que un verdadero profesional no se trata únicamente de acumular conocimientos, sino también de cultivar la bondad, la empatía y la calidad humana.
Es de hacer resaltar que la Santa Misa fue presidida por Monseñor Lisandro Alirio Rivas Durán, Obispo de San Cristóbal y Gran Canciller de la UCAT, quien, durante su homilía, compartió un mensaje cercano y motivador al contemplar el escenario académico: “Mirar este vasto espacio lleno de rostros jóvenes, llenos de sueños, expectativas, dudas y esperanzas, es contemplar una multitud en marcha. Es la comunidad universitaria viva, vibrante, que se pone en camino”, afirmó el Obispo.
De igual manera, Monseñor Rivas Durán invitó a los presentes a reflexionar sobre el sentido espiritual del nuevo comienzo del año académico y manifestó que “la liturgia de la Palabra que Dios nos regala en este día inaugural no es una coincidencia del calendario litúrgico; es una brújula divina, una luz viva que ilumina el ser, el quehacer y el destino de nuestra casa de estudios”.
La ceremonia religiosa finalizó con el deseo que este sea un tiempo de constante crecimiento, fraternidad y superación para toda la comunidad ucatense, ya que la verdadera excelencia no se mide con lo que se aprende en las aulas, sino en la capacidad de poner ese conocimiento al servicio de los demás con el corazón.
(Isabella Solorzano, pasante de PrensaUCAT)