La Eucaristía transforma el cambio social en el conversatorio del II Congreso Eucarístico Diocesano 2026 en la UCAT

Bajo el lema “Para que en Él tengamos vida”, el Auditorium de la Universidad Católica del Táchira, en su sede Loma del Tejar, fue escenario de un espacio de diálogo y fe que congregó a autoridades eclesiásticas, representantes institucionales y gubernamentales para exponer cómo la eucaristía impulsa a transformar de forma justa a la sociedad como un motor de cambio.

Este conversatorio se realizó en el marco del II Congreso Eucarístico Diocesano 2026, contando con la participación de destacados panelistas como Monseñor Raúl Biord, arzobispo de Caracas; el presbítero doctor Jhonny Zambrano, vicario episcopal de Comunicación; la magister Karen Bernal, primera dama del estado Táchira; el doctor Jesús Gerardo Díaz, secretario de la UCAT; el doctor Francisco Sánchez y el licenciado Carlos Casanova, docentes de la Universidad de los Andes (ULA) Núcleo Táchira. Asimismo, se contó con la presencia de Monseñor Lisandro Rivas, obispo de San Cristóbal y Gran Canciller de la UCAT.

El evento destacó por sus propuestas pastorales y profundos análisis, donde la licenciada Hayde Useche fungió como moderadora y guió la dinámica por medio de diversos bloques con el fin de debatir sobre los desafíos actuales de la comunidad regional y nacional.

Entre las preguntas realizadas a los panelistas, se habló de cuáles eran las principales fracturas sociales que la Iglesia y la sociedad civil deben atender con urgencia para hablar realmente de una reconstrucción social.

Al respecto, el doctor Díaz señaló que el Táchira siempre se ha caracterizado por la educación y el trabajo, añadiendo que históricamente el estado ha tenido la mayor cantidad de universitarios del país en los últimos veintes años. Sin embargo, lamentó que “la educación deja de ser atractiva (…) como elemento para la movilidad social. Porque entonces ser profesional en este momento no tiene demasiado incentivo, más allá de lo que pudiera explicarse en su casa porque además hemos perdido hasta la orientación vocacional”.

A pesar de este panorama, el doctor Díaz concluyó que es una realidad compleja tratable, afirmando que “recuperar el hecho de que sea la iglesia la que nos convoca y la que tiene el potencial primario para ayudar a resolver esta situación”.

Otra de las preguntas realizadas por la licenciada Useche fue sobre cómo la academia y las organizaciones sociales aliarse con la iglesia eucarística para sembrar estructuras de justicia, paz y derechos humanos en la comunidad, y así llevar a cabo la reconstrucción del sentido social para la defensa de la dignidad humana y la formación de ciudadanos comprometidos.

Entre las propuestas a esta inquietud, el profesor Casanova indicó que instituciones como la Universidad Católica del Táchira, la Universidad de los Andes y el Centro de Frontera cuentan con las herramientas necesarias para organizar una articulación con dirección, sentido y propósito, todo esto con una orientación de carácter espiritual.

En otro orden de ideas, la licenciada Useche preguntó a las autoridades eclesiásticas panelistas sobre cómo pasar de ver la Eucaristía como un acto de devoción íntima o litúrgica a comprenderla como el motor político y social para construir el reinado de Jesucristo en una sociedad fragmentada.

Monseñor Biord respondió a través de una reflexión hacia la centralidad de la fe frente a esa ruptura social, al vincular el concepto de reconstrucción con los estragos del doblete sísmico que ocurrió el pasado 24 de junio.

“La primera cosa que hay que hacer es una evaluación, ¿por qué se cayeron esos edificios? ¿por qué el 100% de algunos edificios se cayeron todos y otros no? El terremoto fue muy fuerte. Yo me he reunido ya cuatro veces con mi amigo Miyamoto, gran experto en terremotos, y es verdad que fue muy fuerte el doble sismo, en sentidos contrarios, pero no estábamos preparados para un terremoto”, afirmó el arzobispo, “Al día siguiente hubo un mar de solidaridad bellísimo (…) pero la buena voluntad no basta. Yo creo que una evolución o conclusión es que hay que evaluar, y hay que decir la verdad, aunque duela”.

La jornada finalizó con una entrega de reconocimiento a todos los panelistas y con el agradecimiento a los asistentes por hacer posible el encuentro que reafirmó el rol de la Iglesia y de las instituciones, para la búsqueda de soluciones espirituales y humanas a los retos regionales, resaltando el proyectar la fe como una fuerza viva que ayuda al cambio social.

(Isabella Solorzano, pasante de PrensaUCAT)